jueves, 27 de diciembre de 2007

Olimpíadas Buenos Aires 2008

Después del "apartheid" recientemente anunciado por Macri en el área de salud, se viene una Buenos Aires diferente. En el área deportiva, están previstas las Olimpíadas Porteñas, una sana competencia donde cualquier ciudadano nacido en Buenos Aires, rubio y que use bigote, podrá participar.
Estas son algunas de las novedosas disciplinas pensadas por el nuevo Gobierno de la Ciudad.

Lanzamiento del cabeza: los competidores, parados de este lado de la General Paz, deberán tomar cada uno a un morocho de la zona posterior sub lumbar (del forro del orto, bah) y arrojarlo a través de la avenida divisoria, hacia el conurbano bonaerense. Aquel que lo arroje más lejos, será el ganador.

Maratón 1K: el nombre puede parecer modesto, el "1K" no suena a gran desafío. Pero cuando se difunda que se trata de 1 Kilo de asado, con chinchulines, ensalada y pan incluidos, el interés (y la desesperación) van a crecer. El botín será trasladado en moto, y centenares de cartoneros, cirujas y desocupados demostrarán que, subalimentados y sin entrenamiento, igual pueden correr una verdadera maratón.

La cinchada: Aquí no se trata de cinchar, sino de empujar. Los porteños darán un ejemplo de hermandad y formarán un solo equipo, que intentará arrojar las villas fuera de los límites de la ciudad. A ponerse los guantes y empujar casillas, chapas y cartones, hasta hundirlos en la sórdida espesura del Gran Buenos Aires. Y si se hunden en el río, hay premio doble.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La Tontocracia, parte 5

Con su exceso de euforia y descontrol, las fiestas son el momento propicio para que los Tontos se muestren en todo su esplendor, causando tragedias e inconvenientes contra ellos mismos, sus seres cercanos, y todo aquel que tenga la mala suerte de cruzarse en su camino. A continuación, algunas de las clásicas formas de provocar estragos que tiene la "tribu urbana" más numerosa.
La pirotecnia: desde llenarse el bolsillo del jean de petardos y caminar 20 cuadras bajo el sol con 35 grados, hasta agacharse para ver por qué no explotó el cohete, pasando por apuntar a los pies de las viejas o a los autos estacionados, la pirotecnia es uno de los instrumentos preferidos de los Tontos para provocar desastres durante las fiestas. Haya sido un buen año, o haya ido todo mal, hay que festejar, y se impone "tirar cuetes" (encender pirotecnia), para hacer el mayor barullo posible. No importa si se gastan fortunas, mañana veremos de qué vivimos. Y nada de pirotecnia legal, que es aburrida y suena como pedos de vieja en misa. La verdadera pirotecnia, la de diversión (y mutilaciones) garantizada, es la ilegal, la de procedencia desconocida (a menudo, armada por mano de obra esclava en algún sórdido galpón del Gran Buenos Aires), la que reposa largas horas a pleno sol en las mesitas que improvisan los quioscos en la vereda. Y cuanto más tenebroso sea su aspecto, mejor, más ruido hará, y entonces verán los vecinos quién es el más divertido del barrio. O verán en el Instituto del Quemado quién es el más carbonizado de este año.
Los tiros al aire: Para algunos, la pirotecnia no basta. Es más bien cosa de chicos. De manera que delegan en el hijo de 5 años el manejo de petardos y cañitas voladoras y se entregan a una forma de diversión más adulta y viril: toman el 38 (adornado con algún moño o guirnalda) y suben a la terraza para festejar con "verdaderos" cohetazos. Esta forma de festejar tiene muchos adeptos en los barrios violentos, donde cumple la secundaria función de amedrentar a los vecinos y transeúntes, que pueden estar esperando que estén todos totalmente borrachos para asaltar la casa.
Los corchos y tapones: Este es (discúlpenme) mi preferido. Y aquí creo que los fabricantes de sidra tienen su cuota de culpa. Cada año parecen cargar con más gas las botellas, al punto que se han convertido casi en un arma. Sólo falta que se les ocurra hacer los tapones con forma de misil. Y nunca falta el tonto que por estar borracho, hacerse el gracioso o simplemente por Tonto, al momento de destapar una botella, apunte a las caras de quienes lo rodean. Y, en casos extremos, a sus propios ojos. Así, mientras fuerza el corcho con los dientes apretados, mueve la botella de un lado a otro, siempre a la altura de la cabeza, sacudiéndola y provocando mayor efervescencia, mientras los involuntarios partícipes de la improvisada ruleta rusa intentan esconderse, o rezar. ¿A ver quién es el que se casa?, dice alguno, en tono jocoso, cuando se está por producir la detonación. No se ha dado cuenta de que, con un ojo menos, cuesta bastante más conseguir pareja.
Los autos: Después del brindis, hay que salir. Adonde sea, a visitar amigos o parientes, a bailar o tomar algo, pero hay que salir como si fuera la última vez. Y salen todos. Ninguno está en condiciones de manejar ni un carrito de supermercado, pero aceleran, van y vienen desesperados. Así, pobre del que se cruce en su camino, porque las consecuencias pueden ser trágicas.
Con todo esto, las fiestas no sólo son una ocasión para reunirse con familiares y amigos en un clima de alegría; también son la oportunidad de protagonizar desgracias y accidentes de todo calibre. Mi deseo es que pasemos estas fiestas a salvo de los Tontos y sus calamidades. Y que el exceso en los festejos no nos conviertan en uno de Ellos.

Pasión de multitudes

Cada tanto, aparece en los medios informativos (que no son más que una colección de tragedias privadas, accidentes y banalidades), la noticia de que un hincha de fútbol fue baleado o apuñalado en una pelea. Esto no puede menos que sorprenderme, no tanto por descubrir que a alguien todavía le interesa el fútbol, sino más bien por el hecho de que, en el mundo de hoy, haya quien está dispuesto a dejarse matar por algo.
En otros tiempos, no era cosa extraña que alguien iniciara una guerra, una peligrosa expedición, o una pelea a muerte por el amor de una mujer o por los ideales religiosos o políticos. Así, desde los reyes que emprendían una invasión a otro país por conquistar a una mujer, hasta los luchadores políticos que, creo, se extinguieron en los setentas, siempre había alguien dispuesto a dar la vida por una causa que consideraban suficientemente justa, o suficientemente elevada.
Hoy, al menos en nuestra sociedad, las cosas son bien distintas. Nadie parece dispuesto, no ya a dar la vida, sino a realizar siquiera el mínimo sacrificio por causa alguna. De más está decir que los ideales casi no existen. Las personas que los defienden apasionadamente son cada vez más escasas, y con frecuencia soportan la carga del ridículo y la incomprensión. Todo aquello que no es redituable, que no conviene, que no devuelve algún tipo de beneficio, no merece ninguna devoción.
La única excepción parece ser el fútbol, que todavía cuenta con una cantidad de seguidores fanáticos, dispuestos a cualquier cosa por defender unos colores, un cierto (quizás tergiversado) honor. ¿Se trata de seres marginales, que con cualquier pretexto desatan su violencia y su incivilidad? ¿O se utiliza al fútbol para llenar el vacío que deja la falta de apego a ideales y pasiones, y de esa manera canalizar algo que es una especie de necesidad de la naturaleza humana?
Como sea, hace tiempo que dejó de interesarme el fútbol. Más o menos desde que empecé a descubrir que las mujeres son mucho más apasionantes. Eso sí, siempre y cuando no tenga que viajar mucho para verlas y no me rompan los quinotos.

jueves, 15 de noviembre de 2007

El éxito fácil y rápido

Está de moda lo fácil, lo rápido: la carrera corta, el curso rápido, los medicamentos de acción instantánea, los libros resumidos. Más allá del negocio que algunos hacen con esta tendencia, está claro que las mayorías desprecian el esfuerzo. Aquella idea de nuestros abuelos, de estudiar más, trabajar más y hacer las cosas lo mejor posible, está muerta y enterrada.
Algunos se sorprenden por la enorme convocatoria de algunos programas de televisión, que prometen una fama fugaz, pero rápida. Hoy los más jóvenes quieren ser la chica que muestra el cuerpo en revistas y televisión, o el jugador de fútbol estrella de Boca o de River. Y es que son formas fáciles y rápidas de ganar dinero, las únicas que sirven. Sus padres les han enseñado que el esfuerzo no vale la pena, que hay que ser exitoso lo más rápido posible, y que el éxito significa llegar primero a alguna parte, aunque una vez ahí, no se sepa bien cómo seguir.
El que se decide a estudiar una carrera difícil o larga, o aquel que inicia cualquier actividad que requiera esfuerzo o mucho tiempo es visto como un bicho raro y tildado de excéntrico o iluso. Una forma fácil de fracasar comercialmente sería ofrecer un "curso largo y complejo" de alguna materia o un "manual completo y exhaustivo" de alguna cosa. Y el que invente alguna forma de transferir conocimientos al cerebro, como se transfieren archivos a un disco rígido, seguramente se hará millonario.
Así las cosas, me animo a decir que esta tendencia a lo fácil tiene bastante que ver con la triste actualidad de este mundo. Llevándolo a la política, sospecho que estaríamos un poco mejor si los funcionarios y los que aspiran a serlo, se dedicaran a estudiar los problemas a fondo antes de postularse y si los votantes les exigiéramos que nos presenten una plataforma o un plan de trabajo.
Hoy quiero homenajear al que elige el camino más largo, la carrera más complicada, al que evita zafar y busca la excelencia en todo lo que hace, aunque no sea necesario y aunque no sea redituable.

Los arbolitos de Buenos Aires

Cada vez que llega la primavera, se me ocurre pensar en esas mentes brillantes que un día decidieron qué especies de árboles plantar en la ciudad de Buenos Aires. A estos verdaderos genios del urbanismo me los imagino reunidos en una oficina, intercambiando profundas ideas sobre un tema tan complejo:
- Cacho, ¿te parece que pongamo unos cacto?
- ¡Cómo podés ser tan bestia, Rulo! Lo cacto son mufa, son. Aparte, pinchan. Los pobre perrito que vayan a mear se van a pinchar los güevito.
- Tené razón, pero dale, metámosle con el tema este que tengo que shevar la chevy a que le hagan lo freno.
- ¿Y unas palmera?
- Podría ser. Parecería que estamo en el caribe, taría bueno.
- Sí, pero me parece que con el frío se van a cagar muriendo. Acá este libro dice que prefieren los clima tropicale.
- Bueno, dale, Cacho, de en serio, me va a cerrar el mecánico.
- A ver... - recorre azarosamente las páginas del libro - Este parece lindo: plátano.
- Sí, listo, me encanta.
- Acá dice que es hi-per-a-ler-gé-nico, ¿qué será eso?
- Yo qué se. Dale, elegite otro.
- Bueno... a ver... Mirá este, qué lindo nombre: paraíso. Dice que genera unas pelotita que caen todo alrededor. Qué lindo, me imagino todas las vereda decorada con esas pelotita. Los pibe van a estar como loco de contento con esto.
- Sí, Cacho, la verdá que sos un genio, sos.
Y así es como, me imagino, estos abnegados servidores públicos eligieron las peores especies existentes para decorar las veredas de Buenos Aires. Estos simpáticos arbolitos no sólo son feos; mucho peor, son la pesadilla de las personas alérgicas, y también destruyen las veredas con sus raíces, y hasta hay vecinos a quienes les han levantado el piso del living. En mi caso, obstuyeron los caños de desagüe de mi patio, con lo cual tras las intensas lluvias del otoño pasado, mi casa entera se transformó en una divertida pileta techada.
El Gobierno de la Ciudad no sólo ignora los reclamos, sino que sigue plantando las mismas especies de árboles, según he comprobado con espanto.
A estos sabios funcionarios que día a día nos hacen la vida más fácil, es a quienes quiero saludar hoy... o más bien a sus madres, hermanas, tías, abuelas...

jueves, 25 de octubre de 2007

La Tontocracia, parte 4

Está de moda polemizar. Discutir y pelearse. En todas partes, sobre cualquier tema: el aborto, los robos, la televisión, el precio del tomate. Cualquiera opina sobre lo que sea, sospecho que el tema en sí importa poco. Se toma una postura, enseguida, con la mínima información posible, y se debate enardecidamente. No se utilizan argumentos; en su lugar, se usan las descalificaciones (como "vos qué hablás si...") o las frases cargadas de sensiblería ("si vos fueras víctima de violación, opinarías igual que yo"). Estas frases se utilizan agresivamente, casi que se disparan contra el otro, que por lo general responderá con una agresividad mayor, a lo que seguirá el insulto.
Esto no sólo se ve entre los personajes de la televisión, sino en todos los ámbitos donde a alguien le permitan decir algo. Ahora que están de moda los comentarios en páginas web y blogs, los Tontos han encontrado un ámbito propicio para evacuar su desesperación por opinar. Y tan desesperados están por opinar que, muchas veces, ni siquiera se preocupan por entender aquello contra lo que polemizan. Captan más o menos el tono, y se lanzan a discutir. Es muy gracioso ver cómo, en algunos casos, responden indignados a alguien que les ha dado la razón, simplemente porque no lo entendieron.
Lejos están de cuestionarse, de dudar, de reflexionar. El Tonto tiene la soberbia del que está seguro. Y siempre está seguro: de su postura, nadie lo mueve. Claro, eso no quita que mañana pueda opinar todo lo contrario y defenestre a los que están en la vereda de enfrente. Al fin y al cabo, son tan Tontos como él.

viernes, 19 de octubre de 2007

Explicación para los que no entendieron "Yo opino: las elecciones"

Estimado Morwax (si es que ese es su verdadero nombre):
Le agradezco mucho sus conceptos. No obstante, sepa usted que, como dijera el gran filósofo Friedrich Nietzsche, todo lo incondicional encierra algo de patológico. En tal sentido, si bien creo que he sido suficientemente claro y conciso en mi exposición, tengo la impresión de que se impone formular algunas aclaraciones, un par de acotaciones y, a qué negarlo, alguna que otra rectificación aquí y allá, a los efectos de que los trasnochados de siempre no vengan a correrme con la vaina de su retórica vacía, ayuna de todo contenido, y deliberadamente oscura, para parecer profunda.
Un fugaz vuelo de pájaro, o más precisamente, de colibrí, sobre mi ideario, me permite rescatar y poner bajo su consideración un par de conceptos que creo, en esta hora decisiva que afronta la Patria, son insoslayables. Decisiva por cuanto es menester tomar alguna decisión, una vez que uno se halla en la presencia intimidante del cuarto oscuro, o frente a la boquiabierta demanda de la urna. Decisiva también, y a pesar de las voces que siempre se levantan, aunque sin suficiente fuerza, para teñir los comicios de intrascendencia, aprovechando la abulia de algunos que -no tiene caso negarlo- en nuestro querido país cada vez somos los más.
Es por eso que me atrevo a formular esta hipótesis tan -diría- arriesgada, si usted quiere; quijotesca, acaso, pero con la fortaleza de espíritu de quien se posa en las ardientes arenas de la convicción, sin temor a quemarse, ya que, como es sabido, los sabios -si me permite la hipérbole- nos caracterizamos por andar siempre a cierta distancia del suelo.
Resumiendo, y por no aburrirlo, creo que he dado respuesta suficiente a sus cuestionamientos, los cuales agradezco, porque me han abierto los ojos sobre las falacias en que pudiere haber incurrido. No obstante, estoy seguro de haber refutado con argumentos irrebatibles sus objeciones, así como he aniquilado sus dudas con la poderosa arma del pensamiento de la que en esta hora soy orgulloso escudero.
En tal sentido, recalco una vez más mi derecho a expresar mis pareceres sin censura, le pese a quien le pese, con la valentía y la claridad de la que siempre he hecho gala.
He dicho.

Yo opino: las elecciones

Se acercan las elecciones y es el momento de hablar sin tapujos, sin medias tintas. Y en tal sentido, quisiera expresar mis opiniones sin miedo, con la convicción de quien habla desde la razón y desde la defensa de los más altos ideales, dejando de lado intereses espurios y dobles mensajes.
Las elecciones son, desde siempre, de suma importancia para la vida de todos. Es cierto que ha habido tiempos difíciles, es cierto que hemos tenido que ser muy fuertes para no desfallecer, pero también es cierto que los argentinos, cada vez que fuimos llamados a las urnas, concurrimos con fe y alegría.
No es momento de insinuar ni de sugerir, ni de quedarse a mitad de camino. El tiempo juzgará implacablemente a los mediocres y sus tribulaciones.
Sin embargo, sé que hay mucha gente a la que le causa escozor que otros expresen su forma de pensar, soy conciente de que hay quienes se molestan por leer un verdadero manifiesto de ideales, una exposición franca y despojada de las convicciones más profundas. Pero las ideas no se matan, señores, y es por eso que hoy utilizo este espacio para explayarme sobre las mías, con la frente alta, y con la claridad de quien hace de la honestidad su más poderosa herramienta.
No temo a las críticas, y mucho menos al debate, siempre que sea honesto, siempre que esté fundado sobre bienintencionadas bases de tolerancia. Es más, espero ansioso que el torbellino de mi ideología agite las siempre convulsionadas aguas de las opiniones políticas. Disfrutaría de poder leer opiniones encontradas con la mía, y refutarlas, con el deleite de la inteligencia, que es sin duda uno de los más nobles.
En suma, creo que he expuesto mis ideas y opiniones con altura y respeto, sin ofender a nadie y dejando de lado la intolerancia y el fundamentalismo. Helas aquí, estas son mis ideas, y heme aquí para defenderlas hasta las últimas consecuencias.

martes, 9 de octubre de 2007

¿La plata o la vida?

Constantemente, aparecen en los diarios noticias sobre gente que es asesinada por resistirse a un asalto. Esto, además de causarme pena y dolor, me llama la atención. Es muy común que, cuando uno es abordado por delincuentes, el primer impulso sea el de resistir. Es tal la violencia de la situación, que uno puede incluso reaccionar de manera agresiva. Sin embargo (y creo que lo sabemos todos), el sentido común indica que conviene reprimir ese impulso, resignarse a lo inevitable, e incluso mostrar cierto ánimo de colaboración, a fin de evitar el enfrentamiento con personas que están en actitud violenta, asustadas y muchas veces fuera de sí.
Es por eso que me llama la atención que tantas personas se resistan a ser robadas, hasta el punto de que esto termina costándoles la vida (o, en los casos más afortunados, torturas, lesiones, golpizas). Entonces, no puedo evitar pensar que para estas personas, sus bienes valen más que sus vidas.
La vida no vale nada, repiten los opinadores y comunicadores, haciendo hincapié en que los ladrones ahora, además, son asesinos. Yo me pregunto ¿qué hubiera pasado si la víctima, en lugar de resistir, se hubiera dejado robar resignadamente? ¿Qué tal si esa persona hubiera antepuesto su vida a la defensa de sus bienes? Me parece que el problema es que la vida no vale nada, pero no sólo para los delincuentes, que disparan a matar con una facilidad aterradora, sino también para las víctimas, que prefieren perder su vida antes que su auto o sus ahorros.
¿Será que en la sociedad en que vivimos, uno vale por lo que tiene? Acaso muchas personas, creyendo que valen por lo que tienen, terminan siendo lo que tienen. Probablemente crean que, despojados de sus pertenencias más preciadas, sus vidas pasan a valer nada, y por eso se las juegan.
Tal vez, si todos tuviéramos presente a diario el valor sagrado de la vida y no diéramos tanta importancia a lo material, dejaríamos de ver tan seguido en los diarios estas noticias tan tristes.

martes, 2 de octubre de 2007

La Tontocracia, parte 3

Basta salir a manejar en cualquier horario para darse cuenta de que los Tontos dominan las calles. Desde el que va por el carril izquierdo a la menor velocidad que su auto le permite (realmente, a veces me cuesta explicarme cómo hacen algunos para lograr que sus autos se muevan a velocidades tan bajas), hasta el bananazo que está siempre apurado, y te pasa por donde sea. Esta clase de Tonto se observa con gran claridad en las rutas. Si tiene una 4x4, mejor. Se siente el más poderoso, el dueño del mundo. No soporta tener otro vehículo adelante, él tiene que estar siempre primero (no ha comprendido que la Tierra es redonda), y siempre está impaciente, se lleva el mundo por delante. Hasta que realmente se lleva algo por delante, claro. Ahí quizás cambie de idea. O no. Tal vez, desde su silla de ruedas comandada por una pajita, siga intentando pasar a todo lo que encuentre en su camino.
Pero ojo, el peatón tampoco se salva. Está el que ignora por completo el semáforo. Simplemente, cruza. Sabe que hay un poste amarillo con luces de colores que sirve para algo, pero es demasiado complicado, son demasiadas luces... y ni hablar de entender los muñequitos, hay uno que a veces titila, otro que está quieto... un quilombo... mejor ir mirando el celular. O el que cruza la calle como si estuviera solo en el mundo, ni siquiera mira, no le interesa, o no sabe. En esto, los viejos son especialistas. Se mandan en las avenidas más peligrosas, ante el tráfico más furioso, y por cualquier parte (no sea cosa de que la vida no les alcance para llegar hasta la esquina). Y cuanto más decrépitos estén y más les cueste moverse, más se le animan al peligro. Un poco de adrenalina nunca viene mal, supongo.
Y no hablemos de la violencia de los colectiveros, la insoportable ciclotimia de los taxistas (que van a menos diez cuando están vacíos, y a ciento cincuenta cuando llevan a un pasajero), de las madres o padres que se paran a esperar el semáforo en el cordón, con el cochecito del bebé en la calzada (¿para que les sirva como escudo?), de los ciclistas y motoqueros (que logran que los kamikazes parezcan ejemplos de prudencia).
Los periodistas no se cansan de decir que lideramos el ranking mundial de accidentes de tránsito, pero mucha gente parece no darse cuenta. Es porque no se ha difundido un ranking mundial de Tontos. Ahí, afanaríamos.

La Tontocracia, parte 2

Me los encuentro siempre que estoy apurado. Salen de un negocio, o de un edificio, sin mirar, se me ponen justo adelante y empiezan a caminar muy lento, con la cabeza gacha. Mi primer impulso, tal vez por haber leido demasiadas novelas, es pensar que quizás se trata de una persona deprimida o abatida por las circunstancias. Pero no. En cuanto me las arreglo para pasarlo o pasarla* (después de haber esquivado a un perro que sacó a pasear a una vieja y una dulce madre que maneja un cochecito como si fuera colectivera del 60), lo miro, curioso, y descubro que, mientras camina, va mirando fijamente el celular, sin prestar atención a nada más.
La actitud se repite en todas partes: subtes, colectivos, salas de espera. Personas hipnotizadas por su celular, que no pueden sacarle la vista de encima. Algunos hasta se rien, o emiten algún sonido de acuerdo o desacuerdo con lo que el aparato les dice.
Siempre digo que el ama de casa con celular es la evidencia del triunfo del marketing sobre la mente humana. Es el paradigma del consumo innecesario. Pocas personas lo necesitan menos y además, les suele molestar, o se lo olvidan, o no lo entienden. Pero lo tienen.
Las empresas telefónicas, con el marketing como herramienta, han logrado sobre la mente del Tonto un dominio absoluto, decisivo, humillante. El Tonto vive a través del celular, y pendiente de él. Va caminando lento, con la cabeza gacha, mientras las tortugas y las babosas lo pasan por derecha e izquierda. O peor aun, se pone a hablar a los gritos, en un lugar público, demostrándole a todo el mundo que él es un Tonto hecho y derecho**.


* No hay distinción entre los sexos, ni edades, ni niveles socio económicos. Puede ser un señor pelado, de traje, tanto como una adolescente o una señora mayor. En este caso, para acentuar la ridiculez, tomo como ejemplo al señor pelado, de traje.
** por no decir un reverendísimo pelotudo.

viernes, 28 de septiembre de 2007

La Tontocracia, parte 1

Entro a un negocio para comprar un sweater. Algo aparentemente muy simple y teniendo en cuenta que soy hombre, casi un trámite. La empleada me saluda y se queda mirándome como si estuviera a punto de explicarle las instrucciones para poner en marcha un reactor nuclear. Estoy buscando un sweater de hilo, gris, le digo. Ella parece azorada. Su mirada de pez se pierde del todo por un momento. Es una mirada de pez, pero de un pez que tuviera el cerebro limado por el consumo excesivo de paco.
¿De hilo?, pregunta.
Sí, de hilo.
¿Gris?
Sí, gris.
Se da vuelta para buscar algo en un estante y enseguida despliega sobre el mostrador un chaleco. Es de hilo, y gris, pero es un chaleco. Evidentemente, la proposición de tres términos que le presenté, superó su capacidad intelectual. Al parecer, me excedí, o quizás la sobreestimé pensando que podría retener tres conceptos así como así.
No, no, yo busco un sweater, le digo, un poco asombrado al descubrir que mi paciencia tiene nuevos límites.
Ah.
Tras esa interjección, que antiguamente solía utilizarse para dar a entender que uno ha comprendido lo que le dijeron, la empleada comenzará un despliegue interminable, durante el cual tendré oportunidad de ver la mayor parte de la mercadería que se vende en ese local. Sweaters de lana, de llama, de conejo, celestes, verdes, negros, marrones, además de chalecos, camperas, saquitos. Casi de todo, menos un sweater de hilo, gris.
Desesperado, miro en todas direcciones, como buscando alguien que me salve. Me he quedado sin recursos. En eso, mi vista se posa sobre algo gris, que está a la vista de todos. Y si, parece un sweater. También parece ser de hilo. Me acerco, mientras la vendedora sigue sacando prendas de los estantes y desplegándolas sobre el mostrador.
¿Y este?, le digo, señalándole mi hallazgo.
Ah, sí, este es un sweater de hilo, gris, me dice, como si esas palabras nunca hubieran sido dichas.
Respiro aliviado porque conseguí lo que buscaba. Y más porque ya no tendré que enfrentarme a esa vendedora.

La Tontocracia, introducción

Ya están entre nosotros, por todas partes. Y cada vez son más. Dominan la calle, el comercio, los medios masivos de comunicación. Son molestos, dañinos; a veces, peligrosos. Se ponen adelante cuando uno está apurado, no comprenden cuando uno les habla, o actúan como si estuvieran solos en el mundo. La Argentina está en sus manos. Son el insoportable presente, y el aterrador futuro. Son los dueños y hacedores de esta época: los Tontos.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Diseño industrial, ¿se paga por eso?

Según cuenta la leyenda, la actual disposición de las letras en los teclados alfanuméricos ("QWERTY"), se debe a que las primeras máquinas de escribir se trababan si su usuario era demasiado veloz con los dedos, de manera que los diseñadores idearon esa distribución para hacer más lento el tipeo. Con el tiempo, las máquinas avanzaron, pero la ubicación de las teclas no se modificó, por lo que hoy es necesario hacer cursos para poder escribir a una velocidad decente, ya que los diseñadores deliberadamente les complicaron la tarea a los usuarios.
Lo mismo parece pasar con tantos otros productos que tenemos la desgracia de desear o necesitar a diario. Parecen estar diseñados para complicarnos la vida, en lugar de facilitárnosla. Por ejemplo, los paquetes de papas fritas, snacks, galletitas, que son imposibles de abrir con un simple tirón, de manera que es necesario aplicar una fuerza extraordinaria, con la consecuente puesta en órbita de las papas fritas, galletitas, o lo que fuera, que con suerte caerán en algún lugar donde podamos alcanzarlas. Otro verdadero bluff es el mecanismo para abrir paquetes de chicles, o algunos de galletitas, que consiste en esa simpática tirita colorada que, según dicen, al tirar de ella, como por arte de magia vencerá la heroica resistencia del paquete a ser abierto. Falsas promesas. La verdad es que, en el 90% de los casos, ante el primer tirón, por suave que sea, la tirita colorada se rompe o se desprende sin que al paquete se le mueva un pelo, y en el 10% restante, la tirita está incompleta, mal colocada, o no existe. Tampoco tenemos suerte con los blisters en que vienen sandwiches, fiambres, tapas de empanadas, etc. Por lo general, en una de las esquinas, tienen la promisoria leyenda "Abrir aquí", casi siempre en rojo, para acentuar el tono burlón que tiene todo envase. Sin embargo, me he pasado horas enteras buscando cómo levantar la señalada esquina, esperando que nadie me estuviera mirando, y antes de perder la paciencia y recurrir al apuñalamiento liso y llano del envase, muchas veces con la lamentable destrucción de su contenido, aunque no sin cierta satisfacción homicida.
Podría extenderme demasiado, escribir un libro quizás, hablando de los caños para agarrarse demasiado altos en colectivos, de los carteles que indican los nombres de las estaciones de subte, colocados estratégicamente a una altura tal que estando parado dentro del tren, es imposible verlos, a menos que uno se agache, o pertenezca a una tribu de pigmeos. De cucharitas de helado que se parten, del ketchup que no sale del envase, hasta que sale todo de golpe, de productos de limpieza que se disparan como millones de escupitajos en todas direcciones, de frascos de dulces o salsas cuyo contenido, en algunos sectores, es inaccesible... y de los cruentos: útiles de oficina que lastiman, corchos o tapones de botellas que se disparan como misiles, cabezas de fósforos que vuelan directo a la cara, y tantos otros con bordes filosos o punzantes.
Y aquí es donde me pregunto: ¿hay personas que están cobrando un sueldo para realizar estos diseños?, ¿estudian para eso?, ¿alguna vez utilizan el producto que ellos mismos diseñaron?, ¿no deberían estar en la cárcel?
Mientras pienso en las respuestas, aprovecho para saludar a los diseñadores industriales en su día (si es que lo tienen), y me voy a buscar una amoladora para abrir de una vez por todas este estúpido paquete de bizcochitos.

Mis Cervezas

Mi Irish Red:

Malta pálida 59%
cara aroma 9%
viena 9%
cara red 9%
cara shell 9%
avena arrollada 5%

Levadura Nottingham

6-7 gr lúpulo cascade

Mi Alt:

Pale 62% (1300 g)
Caram 10% (200 g)
Munich 19% (400 g)
Trigo 10% (200 g)

Lupulo Tettnanger (25 IBU) 5 g para amargor y 2 g para sabor

Levadura Nottingham

Mi Cerveza de Trigo:

1 Kgs. de malta pilsen
400 gs. de trigo candeal pelado
600 gs. de trigo malteado

Levadura De Trigo (No puede ser otra)

Lúpulo Hallertauer 4 gr

Mi guacamole

cebolla, 1
cilantro, 1 cucharadita
aji molido, 1 cucharadita
ajo, 1 diente
paltas grandes maduras, 2
ketchup, 1 cucharada
jugo de limón, 2 cucharadita
sal, pimienta
huevo duro, 1

Se procesa todo, obvio...

Marinadas para Salmón

1) Jugo de limón
Estragón, laurel, romero, tomillo, eneldo

2) Jugo de limón o naranja
Clavo, pimienta, salvia, cilantro, jengibre

Chutney de Cebollas

cebollas 1,5 KILO
naranjas 4 KILOS
jengibre fresco 50 GRAMOS
vinagre de vino 300 CM3
azúcar negra o rubia 450 GRAMOS
pasas de uva sin semillas 300 GRAMOS
sal y pimienta A GUSTO

Pelar las cebollas y cortarlas en daditos. Exprimir las naranjas y rallar el jengibre.
En una cacerola gruesa, hervir 30 minutos las cebollas con el vinagre, el jugo de naranjas, el azúcar y el jengibre. Luego incorporar las pasas y cocinar en hervor suave 1 hora aproximadamente. Salpimentar a gusto.

Cine: recomendados de la semana

Transformers: Esta es una deliciosa comedia, sobre un padre que incia a su hijo en el mundo del travestismo. Al principio, el joven se muestra reticente, pero con cándida maestria, su progenitor le abrirá las puertas a un mundo nuevo, fascinante y muy rentable. El director, Carla Kukumen, nos pinta fabulosamente la relación padre-hijo... o madre-hija... bueno, se entiende, ¿no?

El salto de Christian: Christian es un chico especial. En un accidente perdió ambas piernas, y está confinado a una silla de ruedas. Pero tiene un sueño: llegar a ser capitán del equipo especial de básquet de su país. Tras vencer todas las dificultades y enfrentar sus debilidades, Christian logrará su objetivo. Pero la historia da un inesperado giro cuando se descubre que detrás del logro de Christian habia en realidad una siniestra trama de sobornos, extorsiones y competidores misteriosamente accidentados. Al ser puesto en evidencia frente a todos, el tierno Christian saca una ametralladora y desata una masacre, empezando por sus propios compañeros de equipo. A partir de ahi, comienza una verdadera cacería, que se resolverá con facilidad cuando la policia decide disponer unos obstáculos en el camino de Christian, a fin de dificultar su huida. El nuevo cine serbio sorprende una vez más con esta película.

Juegos de amor esquivo: Ross es un muchacho solitario, que pasa sus dias estudiando y armando una reconstrucción virtual de la guerra de Crimea. Una noche, su celular lo sorprenderá con un mensaje de texto inesperado. Es un mensaje de amor, firmado tan sólo como "Jamie". Convencido de que no le llegó por error, Ross dedicará su vida a buscar a la autora del mensaje. Esa búsqueda lo llevará al corazón de la selva Amazónica, donde descubrirá que algunas de las tribus que allí habitan no son nada amistosas. Después de décadas de búsqueda (y varias horas de película), Ross descubrirá que el amor no estaba tan lejos como él creia. La misteriosa Jamie no era sino su vecina de al lado. Pero la revelación le llegará demasiado tarde a Ross, ya que Jamie se ha casado y ha tenido varios hijos con un tipo que conoció en el chat.

La pasión de Beethoven: Este es un polémico film sobre uno de los costados menos conocidos del genial músico. El director se manifiesta a favor de la controvertida teoria de que Beethoven era fanático de los palitos chinos, y pasaba largas jornadas jugando a ese juego. La película, en su afán por mostrar con el mayor realismo posible la afición del músico, se torna un poco aburrida y monótona. Esta monotonia, sin embargo, se rompe cuando Beethoven empieza a encontrar dificultades para hallar un compañero de juegos, y esto lo trastorna. Las actuaciones están bien, sólo se podrían criticar algunos anacronismos, como el hecho de que Beethoven, mientras piensa cuidadosamente las jugadas, silba conocidas melodias de cumbia villera.

Licencia para casarse: Jorge pide en su trabajo licencia, porque quiere casarse, pero se la niegan. Presionado por el padre y los hermanos de su novia, que está embarazada de 7 meses, Jorge decide organizar el casamiento en su horario de almuerzo. Sin embargo, una imprevista reunión complicará sus planes de derrocar a Hornus, el perverso dictador del universo, que con su poderoso ejército tiene sojuzgada a toda la galaxia. Persecuciones interestelares, grandes efectos especiales y un guión costumbrista caracterizan este filme.

Ahora son 13: Un hombre mantiene una deuda con un Banco, originada por el atraso en el pago de las cuotas de un crédito hipotecario. Durante meses, es objeto de acoso y persecución, con el único fin de que pague lo que debe. Así, recibe llamados telefónicos a la madrugada, donde sólo escucha una grabación que repite: "Usted debe 12 cuotas". Los llamados se repiten y el protagonista aparece cada vez más perturbado. "Usted debe 12 cuotas", "Usted debe 12 cuotas". Desesperado, comienza una batalla judicial para poner fin a la tortura. A partir de ahi, la trama se centra en la lucha de un abogado que se juega sus últimas fichas para evitar el naufragio de su carrera, y un exitoso y perverso fiscal, que sólo busca agregar uno más a su ya larga lista de casos ganados. Pero el bien prevalece y el protagonista gana el juicio, obteniendo una importante suma en concepto de indemnización. Sin embargo, la película sorprende con el final menos esperado. En mitad de la noche, una nueva llamada interrumpe el plácido descanso del hombre. Cuando levanta el tubo, sólo se escucha una grabación que repite: "ahora son 13"...