Cada tanto, aparece en los medios informativos (que no son más que una colección de tragedias privadas, accidentes y banalidades), la noticia de que un hincha de fútbol fue baleado o apuñalado en una pelea. Esto no puede menos que sorprenderme, no tanto por descubrir que a alguien todavía le interesa el fútbol, sino más bien por el hecho de que, en el mundo de hoy, haya quien está dispuesto a dejarse matar por algo.
En otros tiempos, no era cosa extraña que alguien iniciara una guerra, una peligrosa expedición, o una pelea a muerte por el amor de una mujer o por los ideales religiosos o políticos. Así, desde los reyes que emprendían una invasión a otro país por conquistar a una mujer, hasta los luchadores políticos que, creo, se extinguieron en los setentas, siempre había alguien dispuesto a dar la vida por una causa que consideraban suficientemente justa, o suficientemente elevada.
Hoy, al menos en nuestra sociedad, las cosas son bien distintas. Nadie parece dispuesto, no ya a dar la vida, sino a realizar siquiera el mínimo sacrificio por causa alguna. De más está decir que los ideales casi no existen. Las personas que los defienden apasionadamente son cada vez más escasas, y con frecuencia soportan la carga del ridículo y la incomprensión. Todo aquello que no es redituable, que no conviene, que no devuelve algún tipo de beneficio, no merece ninguna devoción.
La única excepción parece ser el fútbol, que todavía cuenta con una cantidad de seguidores fanáticos, dispuestos a cualquier cosa por defender unos colores, un cierto (quizás tergiversado) honor. ¿Se trata de seres marginales, que con cualquier pretexto desatan su violencia y su incivilidad? ¿O se utiliza al fútbol para llenar el vacío que deja la falta de apego a ideales y pasiones, y de esa manera canalizar algo que es una especie de necesidad de la naturaleza humana?
Como sea, hace tiempo que dejó de interesarme el fútbol. Más o menos desde que empecé a descubrir que las mujeres son mucho más apasionantes. Eso sí, siempre y cuando no tenga que viajar mucho para verlas y no me rompan los quinotos.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario