miércoles, 19 de diciembre de 2007

La Tontocracia, parte 5

Con su exceso de euforia y descontrol, las fiestas son el momento propicio para que los Tontos se muestren en todo su esplendor, causando tragedias e inconvenientes contra ellos mismos, sus seres cercanos, y todo aquel que tenga la mala suerte de cruzarse en su camino. A continuación, algunas de las clásicas formas de provocar estragos que tiene la "tribu urbana" más numerosa.
La pirotecnia: desde llenarse el bolsillo del jean de petardos y caminar 20 cuadras bajo el sol con 35 grados, hasta agacharse para ver por qué no explotó el cohete, pasando por apuntar a los pies de las viejas o a los autos estacionados, la pirotecnia es uno de los instrumentos preferidos de los Tontos para provocar desastres durante las fiestas. Haya sido un buen año, o haya ido todo mal, hay que festejar, y se impone "tirar cuetes" (encender pirotecnia), para hacer el mayor barullo posible. No importa si se gastan fortunas, mañana veremos de qué vivimos. Y nada de pirotecnia legal, que es aburrida y suena como pedos de vieja en misa. La verdadera pirotecnia, la de diversión (y mutilaciones) garantizada, es la ilegal, la de procedencia desconocida (a menudo, armada por mano de obra esclava en algún sórdido galpón del Gran Buenos Aires), la que reposa largas horas a pleno sol en las mesitas que improvisan los quioscos en la vereda. Y cuanto más tenebroso sea su aspecto, mejor, más ruido hará, y entonces verán los vecinos quién es el más divertido del barrio. O verán en el Instituto del Quemado quién es el más carbonizado de este año.
Los tiros al aire: Para algunos, la pirotecnia no basta. Es más bien cosa de chicos. De manera que delegan en el hijo de 5 años el manejo de petardos y cañitas voladoras y se entregan a una forma de diversión más adulta y viril: toman el 38 (adornado con algún moño o guirnalda) y suben a la terraza para festejar con "verdaderos" cohetazos. Esta forma de festejar tiene muchos adeptos en los barrios violentos, donde cumple la secundaria función de amedrentar a los vecinos y transeúntes, que pueden estar esperando que estén todos totalmente borrachos para asaltar la casa.
Los corchos y tapones: Este es (discúlpenme) mi preferido. Y aquí creo que los fabricantes de sidra tienen su cuota de culpa. Cada año parecen cargar con más gas las botellas, al punto que se han convertido casi en un arma. Sólo falta que se les ocurra hacer los tapones con forma de misil. Y nunca falta el tonto que por estar borracho, hacerse el gracioso o simplemente por Tonto, al momento de destapar una botella, apunte a las caras de quienes lo rodean. Y, en casos extremos, a sus propios ojos. Así, mientras fuerza el corcho con los dientes apretados, mueve la botella de un lado a otro, siempre a la altura de la cabeza, sacudiéndola y provocando mayor efervescencia, mientras los involuntarios partícipes de la improvisada ruleta rusa intentan esconderse, o rezar. ¿A ver quién es el que se casa?, dice alguno, en tono jocoso, cuando se está por producir la detonación. No se ha dado cuenta de que, con un ojo menos, cuesta bastante más conseguir pareja.
Los autos: Después del brindis, hay que salir. Adonde sea, a visitar amigos o parientes, a bailar o tomar algo, pero hay que salir como si fuera la última vez. Y salen todos. Ninguno está en condiciones de manejar ni un carrito de supermercado, pero aceleran, van y vienen desesperados. Así, pobre del que se cruce en su camino, porque las consecuencias pueden ser trágicas.
Con todo esto, las fiestas no sólo son una ocasión para reunirse con familiares y amigos en un clima de alegría; también son la oportunidad de protagonizar desgracias y accidentes de todo calibre. Mi deseo es que pasemos estas fiestas a salvo de los Tontos y sus calamidades. Y que el exceso en los festejos no nos conviertan en uno de Ellos.

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