Se acercan las elecciones y es el momento de hablar sin tapujos, sin medias tintas. Y en tal sentido, quisiera expresar mis opiniones sin miedo, con la convicción de quien habla desde la razón y desde la defensa de los más altos ideales, dejando de lado intereses espurios y dobles mensajes.
Las elecciones son, desde siempre, de suma importancia para la vida de todos. Es cierto que ha habido tiempos difíciles, es cierto que hemos tenido que ser muy fuertes para no desfallecer, pero también es cierto que los argentinos, cada vez que fuimos llamados a las urnas, concurrimos con fe y alegría.
No es momento de insinuar ni de sugerir, ni de quedarse a mitad de camino. El tiempo juzgará implacablemente a los mediocres y sus tribulaciones.
Sin embargo, sé que hay mucha gente a la que le causa escozor que otros expresen su forma de pensar, soy conciente de que hay quienes se molestan por leer un verdadero manifiesto de ideales, una exposición franca y despojada de las convicciones más profundas. Pero las ideas no se matan, señores, y es por eso que hoy utilizo este espacio para explayarme sobre las mías, con la frente alta, y con la claridad de quien hace de la honestidad su más poderosa herramienta.
No temo a las críticas, y mucho menos al debate, siempre que sea honesto, siempre que esté fundado sobre bienintencionadas bases de tolerancia. Es más, espero ansioso que el torbellino de mi ideología agite las siempre convulsionadas aguas de las opiniones políticas. Disfrutaría de poder leer opiniones encontradas con la mía, y refutarlas, con el deleite de la inteligencia, que es sin duda uno de los más nobles.
En suma, creo que he expuesto mis ideas y opiniones con altura y respeto, sin ofender a nadie y dejando de lado la intolerancia y el fundamentalismo. Helas aquí, estas son mis ideas, y heme aquí para defenderlas hasta las últimas consecuencias.
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