Estimado Morwax (si es que ese es su verdadero nombre):
Le agradezco mucho sus conceptos. No obstante, sepa usted que, como dijera el gran filósofo Friedrich Nietzsche, todo lo incondicional encierra algo de patológico. En tal sentido, si bien creo que he sido suficientemente claro y conciso en mi exposición, tengo la impresión de que se impone formular algunas aclaraciones, un par de acotaciones y, a qué negarlo, alguna que otra rectificación aquí y allá, a los efectos de que los trasnochados de siempre no vengan a correrme con la vaina de su retórica vacía, ayuna de todo contenido, y deliberadamente oscura, para parecer profunda.
Un fugaz vuelo de pájaro, o más precisamente, de colibrí, sobre mi ideario, me permite rescatar y poner bajo su consideración un par de conceptos que creo, en esta hora decisiva que afronta la Patria, son insoslayables. Decisiva por cuanto es menester tomar alguna decisión, una vez que uno se halla en la presencia intimidante del cuarto oscuro, o frente a la boquiabierta demanda de la urna. Decisiva también, y a pesar de las voces que siempre se levantan, aunque sin suficiente fuerza, para teñir los comicios de intrascendencia, aprovechando la abulia de algunos que -no tiene caso negarlo- en nuestro querido país cada vez somos los más.
Es por eso que me atrevo a formular esta hipótesis tan -diría- arriesgada, si usted quiere; quijotesca, acaso, pero con la fortaleza de espíritu de quien se posa en las ardientes arenas de la convicción, sin temor a quemarse, ya que, como es sabido, los sabios -si me permite la hipérbole- nos caracterizamos por andar siempre a cierta distancia del suelo.
Resumiendo, y por no aburrirlo, creo que he dado respuesta suficiente a sus cuestionamientos, los cuales agradezco, porque me han abierto los ojos sobre las falacias en que pudiere haber incurrido. No obstante, estoy seguro de haber refutado con argumentos irrebatibles sus objeciones, así como he aniquilado sus dudas con la poderosa arma del pensamiento de la que en esta hora soy orgulloso escudero.
En tal sentido, recalco una vez más mi derecho a expresar mis pareceres sin censura, le pese a quien le pese, con la valentía y la claridad de la que siempre he hecho gala.
He dicho.
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