sábado, 13 de diciembre de 2008

Piotr Collins en Argentina


Un baluarte del pensamiento moderno

Piotr Collins no sólo es el adalid de la intelectualidad actual, sino también un verdadero ejemplo para la juventud. Superando graves problemas personales -padece de una severa idiocia- ha logrado interesar a miles de seguidores en todo el mundo.
Su pensamiento no es sencillo de comprender. No tanto por la complejidad o profundidad, sino más bien por sus dificultades para expresarse. Sus conferencias podrían calificarse de "burbujeantes", ya que las palabras apenas se cuelan entre profusos espumarajos de baba espesa y breves convulsiones que no sólo lo obligan a interrumpirse, sino que, a veces, hasta le hacen perder el hilo del discurso, derivando en abruptos cambios de tema, a menudo terminando por contradecir la tesis que se estaba intentando demostrar. Los ocupantes de las primeras filas suelen ser los más alcanzados por su pensamiento, retirándose a menudo completamente empapados y pegajoseados, e insultando -los más intolerantes- al orador por la incontinencia de sus expresiones.
En cuanto a sus libros, han sido tachados de poco ortodoxos por sus detractores, pero no han pasado inadvertidos. Hay que admitir que abundan en errores de ortografía, páginas en blanco intercaladas en el texto, ilustraciones pueriles de mano del propio autor, y (como ha señalado algún crítico malintencionado), en sus obras completas se utilizan siempre las mismas 25 palabras, muchas veces repetidas, una y otra vez, hasta el final de cada libro. Sin embargo, detrás de la aparente dificultad para hallar el contenido, se adivinan pensamientos profundos. El lector que sepa leer entre líneas descubrirá un universo de ideas ordenado y prolijo, con una arquitectura asombrosa y cuidadosamente elaborada. Eso, claro, si tiene la suficiente imaginación.
Los últimos años encontraron a Piotr Collins alejado de la actividad, debido a graves inconvenientes de salud. La afortunada intervención de los médicos -que debieron practicarle una lobotomía- consiguió salvarle la vida, y hace que en estos días esté de vuelta entre nosotros. Sus familiares han demandado a los doctores por mala praxis, aduciendo que el autor sólo tenía un pequeño cálculo en la vesícula, pero ese es un tema para los medios amarillistas. Cuando se le pregunta sobre esto a Piotr Collins, se limita a esbozar una sonrisa apenas perceptible, mientras su mirada permanece fija en algún punto lejano.

Piotr Collins en Argentina: Sociedad de fomento de Villa Cabo Nardini, 19 de diciembre de 2008, 5:17 hs.

jueves, 15 de mayo de 2008

Yo opino: la inflación


En torno a este tema tan polémico, me permito urdir una reflexión, rescatando algunos de los conceptos que tan acertadamente hube vertido en anteriores secreciones escritas.
Es innegable, a qué negarlo, que en la Argentina de hoy (y, especialmente, en las grandes ciudades, y en el centro geográfico de José C. Paz), los precios suben. Algunos suben mucho, cual sacerdote sujetado a decenas de globos inflados de helio, otros un poco menos (como las termocuplas, que casi no aumentaron en los últimos siete tercetos de días) y otros no tanto, o más bien no demasiado, aunque, como diría el premio Nobel de Economía y pianista de jazz John Hicks, la incertidumbre es uno de los componentes cruciales de las teorías de Keynes.
Con esto quiero puntualizar, sin dar demasiadas vueltas, que lo que la teoría funcionalista actualmente tan de moda omite, es el factor humano. No humano en cuanto a que procede de homo sapiens, sino humano en cuanto humano. Como el ser humano que sale a la calle, y se detiene a contemplar el pausado crecimiento de un eucalipto, o los pícaros jugueteos del viento de abril entre los pornocos purulentos de un adolescente. La sensación es, en este caso, la misma que en otras oportunidades.
En tal sentido, como valientemente declarara Robert Merton, cuya principal actividad no me atrevo a decribir aquí, o más bien sí me atrevo, pero no viene al caso. Es decir, me atrevería si usted me lo preguntara, pero probablemente le diría que no es momento ni lugar para tratar temas de esa índole, ni tampoco creo correcto que usted me interrumpa para preguntarme pavadas. Siempre me pareció que los lectores son un poco desubicados, así que creo que no estaría de más poner uno que otro punto sobre las íes. Así que se me queda quietito ahí, calladito, y sigue leyendo hasta el final. Y después, deja un comentario elogioso, con alguna frase más o menos aduladora que venga al caso, y acto seguido, puede continuar con las tristes actividades que pueblan sus mediocres jornadas.
Volviendo al punto, mi opinión es que el Gobierno, por todo lo expuesto, debería RENUNCIAR YA. No los gobernantes actuales, que están haciendo las cosas bastante bien, dentro de la medida de sus posibilidades, pero sí el actual Gobierno, que es un desastre.
Esta situación se ha vuelto insostenible. Estamos bastante bien, mucho mejor que hace, pongamos, la raíz cuadrada de un tercio de la esperanza de vida promedio en Mozambique. Pero todo va a ir peor, un poco peor, o quizás hasta mejore bastante en los próximos instantes.
Creo que he sido conciso, valiente, analgésico, terciado, hipoalergénico, estridente, sódico, artificioso, observable, monocotiledóneo, preclaro, postclaro, arbitrario, excelso, ejemplificador, moderado, hipodérmico, considerable, tecnológico, bélico, anticonceptivo, orgánico, serbobosnio, partidario, escarpado y tardío.

jueves, 10 de abril de 2008

Vidas Paralelas 3

Un gusano asomó la cabeza por una oreja de Ludwig Medina, y profirió un ensordecedor eructo, en dirección a un pelado que pasaba por ahí. El hombre con capacidades capilares diferentes sacó del bolsillo una tapa para pascualina, y golpeó con ella a Ludwig Medina en la ingle, mientras le decía: "tomá, por zerdo", porque hablaba azí. No era bobo, ni nada; hablaba azí. Tal vez un poco trolo. El hombre con capacidades anales diferentes se alejó silbando como una pava, con rumbo más o menos preestablecido. En el camino, se cruzó con un tipo que tenía cara de bidón de fertilizante. El tipo con cara de bidón de fertilizante estaba agachado, mirando un anillo que se le había caido en una alcantarilla. Dudaba entre ir a su casa, a buscar alguna herramienta para extraerlo, y quedarse ahí para cuidar que nadie se llevara el anillo. Finalmente, dio un salto y se tiró debajo de un colectivo que pasaba.
Al colectivo subió una señora, que le dijo al colectivero: "Quiero un pasaje hasta Plaza Flores, fila de emergencia, ventanilla, por favor". El colectivero la miró, después miró el grupo de gente amontonada delante del colectivo, y dijo: "¿por qué no te teletransportás al pubis de tu madre?", y se bajó. Entró a una armería, decidido a adquirir un arma, para limpiar de escoria las calles de Las Cañitas. El dueño de la armería padecía una extraña enfermedad cutánea, que le hacía generar gran cantidad de escamas en brazos y piernas. Al principio, fue muy infeliz, hasta que conoció a una vietnamita que era adicta a las escamas, y entonces encontró la felicidad sometiendo a la vietnamita en el sentido más amplio del término. La vietnamita se inyectó una buena dosis de escamas y comenzó a recordar las largas tardes lluviosas en las afueras de Taipei, que no queda en Vietnam, pero le importaba un carajo, porque estaba drogada. El intendente de Taipei estaba terminando su rottweiler a la manteca negra, cuando un asesino a sueldo irrumpió en su despacho, revólver en mano. Disculpe que sea tan inoportuno, le dijo, pero ocurre que hay unos señores que me han prometido una suma de dinero por mandarlo a la próxima reencarnación. Y bueno, dijo el otro. Una cosita más, dijo el otro, ¿podría filmarlo con mi celular, para subirlo a mi página de internet? La página de internet era visitada a diario por un hombre parecido a Charly García. Charly mojó una porción de pizza en el café con leche, y se rió mientras miraba el monitor, y rociaba el teclado con el aceite de la mozzarella, mezclado con café, leche y baba espesa. ¿De qué te reís?, le preguntó una compañera de trabajo que tenía cara de tonta. De nada, dijo el lider de Serú Girán. La tarada hizo el gesto de morderse el labio inferior, con lo que pareció más estúpida de lo que era. A continuación, la boluda de mierda se paró para servirse agua, y se llevó por delante una cajonera. La reverenda pelotuda forra emitió un gritito de dolor, pero nadie le dio bola. Entonces, la hija de remil putas conchuda del orto se sirvió agua en silencio, y se volvió a sentar. Su jefe la miró; estaba redactando su telegrama de despido, en formato de soneto, pero lo que estaba escrito no terminaba de conformarlo. Quería que quedara perfecto, para publicarlo y lograr la admiración incondicional de todos los niños del mundo. Hizo un bollo el papel, lo prendió fuego, después lo meó, y empezó de nuevo. Yo hubiera hecho lo mismo, si no fuera que estoy escribiendo esto. Y ahora que me acuerdo, recién miré por la ventana, y Ludwig Medina ya no está tirado en la vereda.

martes, 8 de abril de 2008

Haciendo cerveza en casa

Cuando se me ocurrió hacer cerveza en casa, no sólo me motivó el gusto por esta bebida, sino también el placer de completar cada paso del proceso. Los resultados fueron muy buenos, por eso quiero compartir aquí mi experiencia, paso por paso.
En lo personal, el desafío era no sólo lograr una bebida digna de ser saboreada, que se pareciera a la verdadera cerveza, sino también hacerlo de la forma más artesanal posible y con los elementos más económicos. Nunca fui de los que se deciden a empezar una actividad y lo primero que hacen es gastarse una fortuna en equipos y herramientas, para que poco después terminen juntando mugre en el cuartito de los cachivaches. Es por eso que me planteé comprar los menos elementos posibles, y los más baratos, al menos hasta ver si realmente la cosa funcionaba y si valía la pena. Para expandirse, siempre hay tiempo.
Comencé buscando info en la web. Recuerdo que lo primero que investigué fueron los riesgos: qué podía llegar a pasar si uno se equivocaba y la cerveza se contaminaba o salía mal. Por lo que leí, no había más riesgo que una ligera cagadera, o un dolor de cabeza, lo cual me incentivó a seguir adelante.
Aquí hay que decir que existen muchas páginas con mucha información sobre la fabricación de cerveza casera. Sin embargo, no todas son muy prácticas: se van mucho por las ramas o parten de la base de que uno cuenta con equipos caros, por lo que la mayoría tuve que descartarlas. La mejor página que encontré fue la de un chileno que había estado en una búsqueda parecida a la mía, tratando de hacer la prueba sin largarse a comprar muchos elementos, y describía todo el proceso de una forma simple y práctica. Podría poner el link y terminar la perorata acá, pero como tengo ganas de seguir escribiendo, el link lo pongo al final, y sigo. Básicamente voy a explicar lo mismo que él, pero con mi toque personal, y en argentino.
Vamos a empezar, entonces, por lo que se necesita (con mi método), para conseguir unos 6 ó 7 litros de cerveza casera. Como ya dijimos, siempre se puede escalar: esta cantidad es un mínimo, si se quiere hacer más, hacen falta más elementos, o elementos más caros. Yo creo que para empezar, está bien. Si nos sale aceptable y nos gusta, podemos pedirle al cocodrilo del bolsillo permiso para comprar alguna cosita más, y aumentar al doble la cantidad de litros.

Herramientas: 1 conservadora de telgopor (compré una en Colombraro, que es una caja de telgopor para conservar botellas, muy económica); 1 metro de mosquitero plástico; 1 regadera plástica de 10 litros (conviene que los elementos sean plásticos, para que no modifiquen el sabor de la cerveza); 1 cucharón o espumadera de plástico; 1 olla de 15-20 litros, preferentemente con tapa (lo mejor es que sea de acero inoxidable; si no, enlozada; como última opción, que sea de aluminio, porque el aluminio le cambia un poco el sabor a la cerveza, pero si no queda otra y antes de ponerse en grandes gastos, es aceptable); 1 recipiente auxiliar de plástico o acero, de 10 litros, aproximadamente; 1 termómetro para líquidos; 2 bidones de plástico, tipo "Sparkling" (de los dispenser de agua) de 20 litros; 1 embudo plástico; 1 tapón para bidón; 1 airlock (estos dos últimos se compran en Minicervecería, donde también venden la materia prima); 7 u 8 botellas de cerveza de litro, de las de tapa a rosca (las "no retornables" de Isenbeck, Warsteiner o Iguana); 7 u 8 tapitas plásticas de gaseosa; alcohol (es mejor que sea apto para consumo humano, yo conozco la marca Porta, pero hay que leer las etiquetas para estar seguro de que no sea tóxico); un poco de algodón.

Materias primas: 12 a 15 litros de agua (yo usé el agua de bidones baratos, pero se puede usar el agua de la canilla, con la precaución de hervirla o dejarla toda la noche para que se evapore el cloro); Maltas molidas de diferentes tipos (según receta); lúpulo; levadura (estas tres cosas se consiguen en Minicervecería [ver aparte]); azúcar.

Minicervecería: uno de los que merecen un capítulo aparte es este negocio donde el cervecero casero puede conseguir todo lo que necesita. Que yo conozca, es el único lugar en la ciudad de Buenos Aires (creo que hay otro en el Gran Buenos Aires), donde uno puede comprar todo lo necesario, desde las materias primas hasta los equipos (si es que tenés ganas de ponerte a gastar plata en equipos). El asesoramiento y la atención son muy buenos. Lamentablemente, no me pagan por esta fantástica publicidad que les hago. De manera que, receta en mano, podemos llegarnos hasta este local, y hacernos de todo lo necesario. Es importante destacar que te simplifican las cosas, por ejemplo, venden la malta en pequeñas cantidades, y molida. (Si todavía no lo notaste, ya notarás que con esto de hacer cerveza, cada ítem es todo un tema en sí mismo. El tema de las maltas, por ejemplo. En realidad, uno tendría que comprar la cebada, y maltearla [algo así como tostarla] a gusto, según el tipo de cerveza que quiera lograr. Pero como este no es un proceso sencillo, la mayoría de los cerveceros [e incluso, muchas cervecerías grandes] compran la cebada ya malteada. Además, hay que molerla. La molienda es un tema clave, ya que determina el rendimiento: una malta mal molida rinde menos. Obviamente, hay diferentes tipos [y precios] de molinos, y hay quienes muelen con un palo de amasar o con su propio método alternativo. Pero, por suerte, en Buenos Aires se puede comprar la malta molida, y ahorrarse todos estos problemas [que, cuando tengamos más experiencia, podremos encarar]).

Comenzando: Una vez que tenemos los elementos y las materias primas, estamos en condiciones de comenzar. Aquí, es necesario tener en cuenta un par de cuestiones, para planificar y encarar bien la tarea. El total de tiempo que nos va a llevar el proceso, es de unas 5 ó 6 horas. Sí, leiste bien. Pero no desesperes, no significa que vas a estar todo ese tiempo trabajando: hay tiempos de espera que están incluidos, pero es bueno tenerlo en cuenta, para organizarse bien. ¿Y cuándo podré probar mi cerveza? Bueno, hay que decirlo de una vez, no vas a poder probar tu cerveza antes de 1 mes de comenzada la elaboración. Es decir, que si no estás dispuesto a esperar tanto, mejor agarrá un envase y andá yendo al supermercado. Es así, el mínimo es un mes, si tu ansiedad te permite esperar un poco más, mejor va a ser el resultado. Y te aseguro que, si el proceso está bien hecho, el resultado vale mucho la pena.
De manera que necesitamos disponer de 5 a 6 horas de tiempo, mucha calma, un ayudante (de ser posible) y muchas ganas.

Macerado: Para comenzar el proceso, hay que calentar la mitad del agua: unos 6 litros (todo depende de la receta, pero vamos a explicar el proceso en términos generales, y llegado el caso, según las indicaciones de la receta que elijas, tendrás que hacerle las adaptaciones necesarias). El agua tiene que estar entre 67 y 80 grados. Aquí también hay un tema, porque los expertos manejan la temperatura del agua para lograr diferentes resultados. A nosotros, en principio, lo único que nos va a preocupar es que el agua esté a más de 67 grados C y a menos de 80, ya que por encima de esa temperatura, se liberan los taninos, que darían sabor ácido a la cerveza.
Una vez que el agua esté a la temperatura correcta, colocamos la malta en la parte central del mosquitero plástico y ubicamos éste dentro de la conservadora de telgopor, cuidando que los 4 extremos queden hacia arriba (más adelante, tendremos que levantar el mosquitero por los 4 extremos, como si fuera una bolsa, sin que se nos caigan los granos de malta). A continuación, volcamos el agua sobre los granos, y con el cucharón plástico removemos suavemente, para que se moje toda la malta. Luego, sumergimos la malta en el agua, dejando los 4 extremos del mosquitero por encima. Tapamos la conservadora y vamos a dejarlo macerar durante 1 hora y media (el tiempo puede variar, según la receta). Durante ese lapso, podemos aprovechar para descansar, o hacer cualquier otra cosa, ya que la conservadora debe permanecer tapada, para que no baje demasiado la temperatura del agua. La idea del macerado es que el agua tome el sabor y los azúcares de la malta.

Lavado de los granos: Antes de que se cumpla la hora y media de macerado, debemos poner a calentar el resto del agua, a la misma temperatura (67-80°C). Una vez que terminó el macerado, abrimos la tapa de la conservadora y nos vamos a encontrar con un aroma dulzón bastante agradable. Los granos han soltado su esencia y el agua está turbia y algo más espesa. Ahora, tenemos que terminar de extraer todo lo bueno que tienen los granos. Para ello, debemos "lavarlos", es decir, pasar varias veces el agua a través de la malta, hasta extraerles todo el jugo que sea posible. El éxito de este proceso también es determinante del rendimiento.
Esta creo que es la parte que más personalicé de todo el proceso. En cualquier web de cerveceros caseros vas a encontrar que el lavado es todo un tema, por lo cual hay complicadísimas explicaciones y diferentes herramientas y métodos para hacerlo lo mejor posible. Yo, acostumbrado por tantos años de cocinar a no creer en los mitos, lo simplifiqué tanto como pude, y los resultados fueron buenos.
Tomamos entonces los cuatro extremos del mosquitero, tratando de mover lo menos posible los granos, dejamos que escurra todo el líquido, y vaciamos la conservadora en la regadera, con la ayuda del embudo. A continuación, extendemos con cuidado el mosquitero, apoyándolo en los bordes de la conservadora, de manera que los granos queden suspendidos, a cierta distancia de la base de la conservadora. Tomamos la regadera y vamos rociando lentamente el agua sobre los granos, tratando de no inundarlos, sino que vaya escurriendo lenta y parejamente. Una vez que hemos rociado toda el agua, repetimos el proceso. Como mínimo, debe repetirse 10 veces (si se hace más veces, mejor), para extraer una buena cantidad de azúcares de la malta. A los efectos de que no se enfrie demasiado el agua, conviene ir agregado de a poco el agua limpia que tenemos precalentada, para que vaya subiendo la temperatura, y para que la extracción de azúcares sea más eficiente. Para el final del proceso, reservamos una parte del agua nueva, y lavamos los granos sólo con ese agua, para sacarles bien el jugo, unas 5 veces más.
Conviene aclarar que estamos utilizando, como ya dijimos, la mitad del agua para el macerado, y la otra mitad para el lavado de los granos. Esto es una nueva simplificación introducida por mí. En realidad, los expertos utilizan en este proceso un aparato que se llama densímetro (yo lo compré, porque no es caro, y lo utilicé las primeras veces, después lo abandoné), y van midiendo la densidad del líquido que van obteniendo. De esta manera controlan mejor el proceso, para evitar que la cerveza quede demasiado concentrada, o demasiado aguada. Muchas recetas indican "lavar los granos hasta la densidad X", lo cual significa ir agregando agua y midiendo con el densímetro, cada tanto, hasta llegar al nivel indicado. En varias páginas se explica el uso del densímetro, y si querés incorporarlo, mejor. Yo creo que en un principio, basta con utilizar el agua mitad y mitad, como estamos explicando.

Cocción: Y llegó la parte que más me gusta, a mí como cocinero. Este paso del proceso me hace pensar que, después de todo, hacer cerveza se trata de algo muy parecido a cocinar, y mi amor por la cocina hace que me guste el proceso.
Una vez que hemos lavado convenientemente los granos (y llegado a la densidad indicada por la receta, si es que estamos utilizando un densímetro), pasamos el líquido a la olla, para comenzar la cocción. Los granos vamos a descartarlos, a menos que les encontremos algún uso en el jardín o el hogar (hay quien dice que sirven de abono para las plantas), pero para hacer cerveza ya no nos sirven. La cocción es un simple hervor, que va a durar entre 1 hora y 1 hora y media (según la receta, again), durante el cual no hay que hacer mucho, salvo agregar el lúpulo. Conviene hervir a fuego fuerte y algunos le van quitando con una espumadera la espuma que se va generando.

El lúpulo: Uno de los componentes maravillosos de la cerveza es el lúpulo. Si quieren información sobre su historia, sus tipos (que hay muchos), regiones del mundo donde se da (que hay pocas), beneficios para la salud, etc., busquen en la web. Aquí bastará con que digamos que es una planta de la familia de las cannabiaceas (sí, es pariente...), de la cual se utilizan varias partes, y es fundamental para dar amargor a la cerveza, y también parte de su sabor característico (y, en algunos casos, también aroma). No caigas en decir "a mí la cerveza muy amarga no me gusta" y no ponerle lúpulo, porque entonces vas a obtener un juguito dulzón con gas y alcohol, que no merecerá llamarse cerveza. Tampoco permitas que se te pase la mano con la cantidad de lúpulo, porque entonces tu cerveza va a quedar intomable, aun para los más machos.
Lo maravilloso del lúpulo es que, según en el momento de la cocción en que lo agreguemos, va a dar amargor o sabor a la cerveza. Cada receta indicará qué cantidad de lúpulo y en qué momento agregarlo, pero básicamente debemos saber que el lúpulo que se agrega al final de la cocción es el que otorga sabor, mientras que el que se agrega antes, sólo brindará amargor. Existen fórmulas y planillas de cálculo para estimar qué tan amarga va a ser nuestra cerveza (vamos a ver que existen los IBU, que son unidades de amargor), pero yo creo que lo mejor es que le hagamos caso a la receta. En cuanto a las variedades de lúpulo, algunas se consiguen y otras no. Por suerte, se produce lúpulo en El Bolsón, de manera que no es complicado conseguirlo. Si la receta indica variedades que no se consiguen, el vendedor te puede asesorar sobre cuál podés utilizar para reemplazarlo. Lo más importante, es que no nos olvidemos de agregar el lúpulo durante y/o al final de la cocción, en las cantidades indicadas.

Enfriado: Una vez que hemos completado la cocción, el líquido resultante (desesperantemente poco, ya que gran parte se habrá evaporado) se llama "mosto". Este mosto, que al apagar el fuego se encuentra a casi 100 grados, debe enfriarse a menos de 30 grados en no más de 20 minutos, ya que pasado ese tiempo, podría contaminarse.

La asepsia: Este es un punto importante. Hasta aquí, lo único que hemos tenido que cuidar es la higiene. Siempre es conveniente ser pulcro y prolijo al trabajar, de manera que nuestra preparación no se ensucie ni estropee con ningún agente externo. Pero, una vez que terminamos la cocción, debemos incorporar el concepto de asepsia, lo que significa que tenemos que tener mucho cuidado de que todo aquello que entre en contacto con nuestro preparado, esté desinfectado, para evitar que se contamine nuestra cerveza. Es decir, no sólo hay que ser pulcros, sino también cuidadosos.
El mosto, que es lo que tenemos en este punto del proceso, es un jarabe dulzón que es alimento ideal para las bacterias. Las bacterias están en todas partes, empezando por el aire, que está lleno de ellas, y también depositadas en todos los elementos que vamos a utilizar. Por eso, es muy fácil que nuestra cerveza se contamine con alguna de las innumerables bacterias que andan dando vueltas, y esto produciría que todo el proceso se arruine. Y lo peor de todo, es que no nos vamos a dar cuenta de que se ha arruinado hasta que la probemos, es decir, un mes más tarde.
Es por eso que es indispensable ser muy cuidadoso. A mí me ha servido que soy un poco paranoico, y entonces pienso todo el tiempo que todo está contaminado. Todos los elementos que vayan a entrar en contacto con la preparación deben ser previamente desinfectados con alcohol, y asimismo, la preparación debe entrar lo menos posible en contacto con el aire. Si seguimos estas premisas básicas, no vamos a tener problemas de contaminación.

¿Y cómo vamos a enfriar nuestro mosto? Una vez más, para la mayoría de los cerveceros caseros, este es todo un tema... En la web encontramos innumerables aparatos (la mayoría, de fabricación casera) para enfriar eficientemente el mosto. Algunos también están a la venta (si uno está dispuesto a gastar plata, nunca hay problemas), pero la mayoría de los cerveceros fabrican sus propios enfriadores. Como a mí la única parte de la ingeniería que me interesa es la de desarmar o destruir, mi forma de enfriar el mosto es la más sencilla, y, por la cantidad de litros de que estamos hablando, me basta. Consiste simplemente en meter la olla en un piletón lleno de agua con hielo. Los 20 minutos me alcanzan para que la temperatura del mosto baje a menos de 30°, y no tuve necesidad de construir ningún aparato (ojo, aplaudo a los que son capaces de hacerlo). Durante el enfriado, la olla permanece tapada. Cada tanto, introduzco el termómetro (previamente desinfectado), aprovecho para revolver un poco y mido la temperatura.

Fermentación: Ya tenemos el mosto a menos de 30 grados y debemos trabajar sin pausa, para evitar que pase mucho tiempo y se contamine. Y aquí es donde entra en acción otro componente fantástico de la cerveza, tal vez el más fantástico: las levaduras. Estos simpáticos bichitos (no sé si los científicos ya se pusieron de acuerdo sobre si son hongos, bacterias o qué), son los responsables del contenido alcohólico, del gas y de gran parte del sabor de nuestra cerveza. Van a hacer una parte fundamental del trabajo. Sin ellos, todo este proceso no sería posible. Hay varias clases de levaduras, y las que vamos a utilizar son de la misma familia que las utilizadas para hacer panes, pizzas, facturas y otras delicias. Cada receta indicará la variedad de levadura que se debe usar, y es importante respetarla (siempre que se la consiga), ya que, como dijimos, van a determinar en gran parte el sabor final de nuestra cerveza. La misma receta, cambiando la levadura, da como resultado una cerveza diferente, con diferencias de sabor, graduación alcohólica, etc. Las levaduras son tan importantes que sus clases dan nombre a los dos grandes tipos de cerveza: lager y ale (según sean de fermentación alta o baja). Como en tantos otros temas, hay muchísima información sobre levaduras en la web, y cada uno puede buscar hasta donde esté interesado. Lo más importante es tener en claro que se trata de seres vivos, que necesitan determinadas condiciones para hacer su tarea, que va a ser transformar los azúcares del mosto en alcohol y gas carbónico. Entre esas condiciones, la más importante es la temperatura. Las levaduras que vamos a utilizar, de tipo ale, trabajan a altas temperaturas, por lo que vamos a poder dejarlas a temperatura ambiente. En gran parte del otoño y la primavera, la temperatura será ideal. En invierno, si el ambiente no está demasiado fresco, ni demasiado calefaccionado, también podrán trabajar sin problemas. En verano las cosas se complican un poco. El tema es que, por encima de los 22-23 grados, las levaduras trabajarán igual, pero la cerveza resultará con un sabor como a banana, que no es muy agradable. Por debajo de los 15 grados, se adormecerán, por lo que la fermentación durará más, o directamente se interrumpirá. Por eso es recomendable mantener una temperatura de entre 15 y 20 grados, para que las levaduras puedan cumplir bien su misión, y le transmitan los sabores correctos a la cerveza.
Aquí, nuevamente, los expertos complican las cosas tanto como es posible. Controlan la temperatura, hacen mediciones y buscan sutiles diferencias de sabor en los cambios de temperatura durante la fermentación. Nosotros lo vamos a simplificar, nos conformamos con que la temperatura ambiente no baje de 15° ni pase (mucho) de 20°, y vamos a dejar que los bichitos trabajen tranquilos. El resultado es más que aceptable, y para complicarnos, tendremos tiempo cuando hayamos dominado el proceso.
Conviene aclarar que la levadura se vende en polvo o líquida. La primera es más fácil de manejar, por lo que vamos a elegir ésta. Viene en unos sobres que sirven para hacer 20 litros de cerveza, por lo que vamos a usar aproximadamente la mitad de un sobre. Esta mitad hay que separarla con cuidado, porque la levadura también se puede contaminar. O sea que hay que manipular el sobre lo menos posible, tratando de no tocar su contenido. Para prepararla, vamos a llenar medio vaso con agua hervida y entibiada (30-36°, ojo, porque no resisten las altas temperaturas) y vamos a volcar en ese agua la mitad del sobre. Revolvemos suavemente, tapamos y lo dejamos cerca de media hora. De esta manera, se activan las levaduras, que estaban dormidas. Obviamente, todos los elementos que utilicemos deben estar previamente desinfectados con alcohol. Todo esto conviene hacerlo mientras estamos enfriando el mosto, para no perder tiempo en el siguiente paso.
De manera que vamos a tomar el bidón (yo compré 2 bidones de agua en una fábrica por Floresta, puede usarse otro tipo de bidón, pero cuidando que sea apto para contener alimentos, ya que algunos plásticos son tóxicos) y el embudo, y vamos a volcar el mosto dentro del bidón, y después la levadura que ha estado media hora en el agua tibia. Agitamos bastante, para que se mezcle bien, y tapamos con el tapón y el airlock. Ya está. De aquí en más, la tarea queda en manos de estos bichitos. En cerca de 24 horas, vamos a empezar a ver que el airlock comienza a burbujear, eso significa que ¡hay actividad! Nuestros amigos están convirtiendo los azúcares en alcohol y gas, y el excedente sale por el airlock (este es un aparato que deja salir el gas y no permite que entre aire, a fin de evitar la contaminación). El burbujeo se va a ir haciendo más intensivo, y en algún momento va a comenzar a decrecer. Esta primera fermentación va a durar 1 semana (puede variar según la receta). Vamos a dejar el bidón en un lugar fresco y al resguardo de la luz durante todo ese tiempo, y seguramente no vamos a resistir la tentación de mirarlo a cada rato, para ver cómo va. Si acercamos la nariz al airlock, vamos a poder percibir un aroma muy alentador...
Pasada una semana, el burbujeo va a ser casi imperceptible. Es momento de comenzar la "segunda fermentación", que consiste en traspasar simplemente la preparación a otro bidón. En el fondo de nuestro bidón vamos a tener como un barro espeso, medio asqueroso, que son las levaduras con todos sus restos. Ese barro lo vamos a descartar. Es decir, que vamos a tomar el bidón vacío y el embudo (todo desinfectado), y vamos a traspasar con cuidado el líquido del primer bidón, tratando de dejar en el fondo la mayor cantidad posible de barro, que vamos a descartar (hay quienes lo reutilizan, podés buscar info sobre esto en los links que dejo al final). Tapamos el nuevo bidón y lo dejamos entre 5 y 7 días más. Lo que se recomienda, es meterlo en la heladera, a fin de que las levaduras que quedaron en el líquido no sigan trabajando. Yo he probado de dejarlo fuera de la heladera, y no hay gran diferencia, ya que para esa altura, están bastante adormecidas.
Si la ansiedad te puede, es posible probar la cerveza en este punto. Vas a comprobar que lo que tenemos es algo bastante similar a la cerveza, tiene gas y alcohol, sólo que le falta estacionarse, ya que los sabores parecen estar cada uno por su lado. Pero podés ir viendo cómo va tu cerveza.

Embotellado: ¡Por fin llegó el día! Te bancaste 2 semanas viendo cómo trabajaban las levaduras, y es momento de poner la cerveza en botellas. Si probás lo que tenés actualmente, vas a encontrar que es casi cerveza: tiene alcohol, tiene gas, si la pusiste en la heladera, hasta está fría, aunque le falta que se asienten los sabores. Eso se va a lograr en la botella. Además, como el gas se va a perder en el embotellado, vamos a tener que alimentar a las levaduras, para que generen nuevo gas dentro de cada botella.
Como siempre, vamos a hacer lo más simple. Y lo más simple es utilizar botellas descartables de cerveza (de vidrio), de tapa a rosca, con tapitas plásticas de gaseosa (las metálicas que trae la cerveza no sirven, porque se deforman). Desde ya que están a la venta las chapitas y la máquina para tapar los porrones y botellas tradicionales de cerveza, pero en este momento no nos interesa gastar tanto. Como es obvio, las botellas y tapas deben estar bien lavadas y desinfectadas con alcohol. Siempre es aconsejable que sean nuevas, para que el lavado sea más fácil, por no tener restos secos en su interior.
Antes de comenzar a embotellar, vamos a preparar un almíbar (hirviendo mitad agua, mitad azúcar), con la cantidad de azúcar indicada por la receta, según la gasificación que deba tener nuestra cerveza. Una buena cantidad es 7 gramos de azúcar por litro de cerveza. La cantidad de litros vamos a tener que calcularla como podamos, dejo librado a tu imaginación el método. Yo le hice unas marcas al bidón antes de pasar el líquido. Hay que tener cuidado con la cantidad de azúcar, porque un solo gramo produce una gran diferencia. Si ponemos demasiado poco (menos de 5 gramos por litro), la cerveza quedará casi sin gas; en cambio, si nos excedemos (más de 8 gr/l), corremos el riesgo de que las botellas estallen. Este azúcar será utilizada por las levaduras para generar el gas dentro de cada botella.
Una vez que tenemos listo el almíbar, hay que enfriarlo (a menos de 30°) e incorporarlo al bidón, mezclando bien para que se distribuya en forma pareja.
Después de eso, es sólo cuestión de tomar el embudo y las botellas, e irlas llenando. Se recomienda llenarlas de a poco, parejamente, no una por una, para que no haya diferencias entre una y otra.
Hay que dejar la parte del pico (unos 5 cm) sin líquido, para que las levaduras utilicen ese aire.
Se tapan fuerte con las tapitas de gaseosa, y lo que resta es sólo paciencia...
Hay que dejarlas en un lugar fresco, seco y oscuro, paradas, durante... ¿cuánto tiempo?...
El mínimo indispensable son 2 semanas, para que las levaduras puedan generar el gas dentro de la botella. 4 semanas es un tiempo razonable, si te aguantás la ansiedad. Lo más difícil es la primera vez, porque todavía no sabemos cómo va a resultar. Después, si uno empieza a preparar una vez por semana, la espera se hace más llevadera.
Lo ideal, dicen, es entre 3 y 6 meses, que es cuando la cerveza alcanzará su plenitud. Te recomendamos que guardes al menos una botella durante este tiempo, para comprobar hasta dónde llega tu cerveza en sabor.
El proceso es largo, trabajoso, y hay que tener mucha paciencia, pero no hay dudas de que cuando uno llena una copa y ve que el resultado es cerveza, tiene gas y espuma, y sabor a cerveza, la satisfacción vale la pena.

Sin dudas, con el correr del tiempo y la experiencia, esta descripción te va a parecer muy rudimentaria, como le puede parecer a cualquier cervecero casero que la lea. Algunas de las cosas que se dicen acá son animaladas, el proceso en general está muy poco controlado y demasiado simplificado. Las mejoras que se pueden introducir son infinitas, la idea de este relato es lograr un proceso básico que permita elaborar una cerveza aceptable, para partir de este proceso e ir mejorando y perfeccionando los mecanismos. Las posibilidades son inagotables. Una vez que se domina el proceso, uno puede meterse a perfeccionar la receta, para lograr la cerveza ideal para su gusto. Y hay tantas recetas y tantas variables que influyen sobre el sabor, que es fascinante. En los links que agrego más abajo encontrarás cantidad de información para perfeccionar el proceso, hasta superar el límite de lo artesanal, construyendo una máquina que haga todo el trabajo.
Lo que quisimos aquí fue explicar un proceso simplificado y básico, para poder empezar sin complicarse demasiado. Sin dudas es rudimentario, pero no le falta utilidad.

Links:
La web del amigo chileno (una explicación un poco más completa que esta):
Cerveceros caseros (gente que sabe mucho y no tiene problemas en compartirlo, mucha info y foro):
Minicervecería (donde conseguir todo lo necesario):
Asociación de cerveceros artesanales:
En inglés, famoso libro de Palmer para iniciarse en la actividad:

Recetas argentinas:
Otros:



Recetas:
Receta para cerveza roja:
Malta pálida molida: 1,5 kg
Malta cara red: 1 kg
Levadura Nottingham: 1/2 sobre
Lúpulo Cascade: 7 gramos

Receta para cerveza rubia:
Malta pálida molida: 2 kg
Malta cara red: 0,5 kg
Levadura Nottingham: 1/2 sobre
Lúpulo Cascade: 7 gramos

jueves, 28 de febrero de 2008

Vidas paralelas 2

Cuando Ludwig Medina cayó sobre las tres medialunas, el único que lo estaba mirando era Faustino Johnson. ¡Un médico! ¡Un médico!, gritó, desesperado Faustino Johnson. Pero nadie acudió, porque no había ningún médico dentro de su casa. Entonces, se decidió a llamar al tío Remigio. El tío Remigio vivía a unos 300 kilómetros, pero era la única persona lo suficientemente responsable como para hacerse cargo de una situación tan grave. El teléfono sonó, pero el tío Remigio no contestó, ya que estaba haciendo una llamada por su celular. Hola, dijo cuando lo atendieron, ¿por qué tardaste tanto en atender?. Es que le estaba dando una buena cepillada a tu mujer, respondió Ante Batista. Ah, bueno, entonces te dejo para que sigas tranquilo. Ante Batista colgó y volvió a su trabajo en el cadáver de la mujer. Un empleado se acercó y le dijo, bueno Don Ante, son las seis, yo me voy yendo. Y salió, pensando en encontrarse con su amigo, Orson Perez, para proponerle que fueran a nadar desnudos a la fuente de la plaza del pueblo. A mitad de camino de lo de su amigo, el empleado entró velozmente en un restaurante. Se acercó al de la barra y le dijo: discúlpeme, me encuentro aquejado de una ligera indisposición intestinal, necesitaría me dispense el usufructo del excusado, si fuera tan amable. ¿Cómo dice?, le preguntó el de la barra. ¡Que me estoy cagando, dejame pasar al baño!, gritó el empleado. Aguárdeme un momento, por favor, le pidió el de la barra, y se dirigió a la cocina. Se acercó al cocinero y le dijo: mirá la cara del tipo ese que entró, es muy gracioso, ¿no tiene cara de parquímetro? El cocinero se asomó y miró. Sí, tenés razón, dijo mientras se sacaba pelusa de los pliegues de su abdomen y la dejaba caer en la salsa "finas hierbas". Una empleada con gesto preocupado se le acercó y le dijo: me voy a tener que ir. No podré seguir trabajando, ya que acabo de cortarme el último dedo que me quedaba. Le mostró las palmas podadas de dedos, tomó la cartera entre los dientes y salió a la calle. La empleada con gesto preocupado caminó sin rumbo durante unos minutos, hasta que se cruzó con un hombre de gesto severo. El hombre de gesto severo le propuso a la empleada con gesto preocupado trabajar en televisión. Quedaron en verse al día siguiente, y el hombre de gesto severo se fue trotando y dando saltitos de costado, feliz porque acababa de encontrar el objeto ideal para sus más oscuras perversiones. En eso, le entraron ganas de orinar, y se paró a hacerlo junto a un árbol, utilizando para ello un práctico adminículo con el que había sido provisto desde su nacimiento. Un policía se le acercó. Le preguntó: disculpe, señor, ¿no sabe dónde queda la calle Emilio Disi? En ese momento, sonó el celular del policía, que atendió inmediatamente: ¿Cabo Primero Solimano?, le preguntaron del otro lado, ¡Agarrámela con las dos manos! El gerente de Mirkosoft cortó, retorciéndose de risa. Se levantó de su sillón y miró por la ventana. Vio a Ludwig Medina tirado en la vereda de enfrente. Una vieja pasó cerca de Ludwig Medina y tropezó con uno de sus pies, que comenzaba a mostrar una poco vital rigidez. ¡Borracho asqueroso, mal nacido! dijo la vieja, y se alejó, con la intención de hacerse un piercing en un sector de su cuerpo que hacía muchos años nadie visitaba.

jueves, 14 de febrero de 2008

Vidas paralelas

Ludwig Medina se levantó, como todos los días, apoyando un pie en el suelo, y después el otro. Antes de desayunar, se dirigió a la panadería más próxima a su domicilio, con la intención de procurarse tres medialunas.
Buen día, le dijo el panadero, que tenía la cara como una esponja. Era gordo, pelado y fuente inagotable de sudor espeso. Estaba de mal humor, porque acababa de discutir con Augustus Ruiz, su empleado. Augustus Ruiz aprovechó la distracción de su jefe para ir hasta la cuadra y pegar prolijamente un moco en cada cañoncito de dulce de leche. No les queda mal el adorno, pensó, e inmediatamente pensó en María y cómo lo recriminaría ella si lo viera perpetrar semejante acto de vandalismo.
Pero María no lo vio, porque tenía ante su vista el pecho peludo de Astolfo, el encargado del edificio donde vivía. Mientras acariciaba el pecho de Astolfo, pensaba en la cara que iba a poner la del 3° F cuando ella le contara. Se le escapó una risita traviesa. ¿Qué te pasa?, le preguntó Astolfo. María no quiso decirle, y entonces Astolfo la cagó a sopapos. Cuando se cansó de pegarle, salió del departamento y fue a buscar una cacerola para baldear la vereda.
En el camino, se cruzó con un tipo raro, que solía visitar al del 7° H. El tipo raro que solía visitar al del 7° H saludó a Astolfo y enseguida bajó la vista. La mirada del encargado lo hacía sentir invadido. Al fin y al cabo, no estaba haciendo nada malo, pensó el tipo raro que solía visitar al del 7° H, pero no podía evitar sentirse como un criminal. Tal vez por eso, en lugar de salir del edificio hacia la izquierda, siempre salía hacia la derecha, para evitar cruzarse con el policía de la esquina. El policía era bastante boludo, igual. Estaba tratando de entender cómo funcionaba su celular nuevo, mirándolo fijamente mientras probaba suerte con cada uno de los botones.
Desde enfrente, Celeste, la dueña del almacén, le decía a su hija, Rosa, así es como nos cuidan estos tipos. Rosa, pálida, pensó, me habrá bajado la presión, sin darse cuenta de que en realidad, el responsable de su palidez era Humphrey Torres, que le había transmitido una enfermedad más o menos curable durante un encuentro sexual. Humphrey Torres tenía el cuerpo cubierto de pústulas y no cesaba de rascarse, mientras emitía interjecciones de alivio fugaz, cada vez en voz más alta. Su jefe se le acercó por detrás. ¿Qué pasa, Torres? Me rasco, ¿no ves? ¿o sos boludo? Ah, bueno, está bien, discúlpeme. Y se marchó a agarrárselas con el gerente. Al llegar a su oficina, abrió la puerta de una patada. Me tenés podrido pidiéndome informes y boludeces. Tenés razón, le contestó el gerente. No lo voy a hacer más. Y se puso a marcar un número en el teléfono. ¿Panadería?, dijo cuando le contestaron. ¡Agarrame este vigilante!, y cortó. El panadero se quedó mirando el tubo. Otra vez el gerente de Mirkosoft y sus chistes pelotudos. ¿Vas a llevar algo más? le preguntó a Ludwig Medina. No, ¿cuánto es?, preguntó Medina. Pagó y salió. En la vereda, sintió un ligero dolor en el pecho. Notó que le faltaba el aire. Un segundo después, cayó muerto y aplastó las tres medialunas.

martes, 5 de febrero de 2008

Horóscopo Chino 2008

Babosa de goma eva (1923-1799-2038): Usted creia que su actual relación no le aportaría nada. Sin embargo, este año su pareja le enseñará algo que le sorprenderá: cómo una plancha puede convertirse en un arma mortal si se la maneja con la violencia adecuada.

Tortuga de mazapán (1646-2075-4007): Será secuestrado y reducido a esclavitud por una banda de adictos a los juegos de red. El jefe de ellos, que tiene un puesto en una feria hippie, lo obligará a aprender pintura sobre madera y pasarse el resto de su vida pintando duendecitos sobre pedazos de tronco.

Tonina de fibrofácil (x-1): Este año tendrá muy mala suerte. Pero no debe preocuparse, ya que para usted el año será muy corto.

Estreptococo de PVC (0800-333-0200): Se enterará de que su pareja está organizando orgías a sus espaldas. Se dedicará a filmarlas y hará fortuna publicándolas en Internet.

Lombriz de plastilina (1, 2, 3, 4!): Se batirá a duelo con un comerciante que no le querrá vender por falta de monedas. Saldrá victorioso, y rebuscando en los bolsillos del cadáver de su contrincante, encontrará los planos secretos de un reactor nuclear. Comenzará a ser perseguido por agentes de inteligencia, por lo que deberá abandonar su casa, su trabajo y a todas las personas que conoce. Se radicará en un país exótico, donde será muy infeliz.

Tatadios de terciopelo (-500): Ingresará a un hospital por un dolor abdominal y lo operarán para cambiarle el sexo. No se desespere: su nuevo aspecto le abrirá las puertas de un mercado laboral desconocido.

Tatú carreta de cartulina (3,14159265): El amor llegará a su vida este año, pero para estar en condiciones de recibirlo, deberá dejar de lado viejos prejuicios y temores. Haga oidos sordos a los mandatos sociales que sólo intentar restringir su libertad y aplacar sus deseos. Sólo cuando reconozca que se ha enamorado de su hamster podrá ser plenamente feliz.

Orangután de felpa (1950 a 1925): Descubrirá que no todas las personas que se le acercan tienen un sano interés en su persona. Algunos son psicópatas irrecuperables que sólo querrán someterlo a sus más bajos instintos.

Vizcacha en escabeche (MCMLXXIV): Publicará en un sitio web una investigación sobre la Crema Rusa, con la que se ganará muchos y poderosos enemigos. Será perseguido, asediado, acosado, hostigado, atosigado, apremiado, acechado, espiado, vigilado, emboscado, escudriñado, curioseado, inquirido, indagado y quién sabe cuántas cosas más. Mantenga la calma y no se preocupe.

Vitel Thoné (0%): Llegará a la conclusión de que la vida errante no es para usted. Confesará sus crímenes y pedirá ser condenado a muerte. En el momento de la ejecución, la silla eléctrica fallará y no lo matará, aunque lo dejará en estado vegetativo. Lo indultarán y vivirá 40 años más, a cuidado de un enfermero. Aprenderá a no ser tan autoexigente y no preocuparse por controlar sus esfínteres.

Hiena de nylon (####-####-####): Descubrirá que el autoservicio Ho Wang Lee tiene los mejores precios y entrega a domicilio sin cargo para compras mayores a $50. Podrá visitarlo en su local de Monroe 6788, todos los días de 7 a 22.