jueves, 28 de febrero de 2008
Vidas paralelas 2
Cuando Ludwig Medina cayó sobre las tres medialunas, el único que lo estaba mirando era Faustino Johnson. ¡Un médico! ¡Un médico!, gritó, desesperado Faustino Johnson. Pero nadie acudió, porque no había ningún médico dentro de su casa. Entonces, se decidió a llamar al tío Remigio. El tío Remigio vivía a unos 300 kilómetros, pero era la única persona lo suficientemente responsable como para hacerse cargo de una situación tan grave. El teléfono sonó, pero el tío Remigio no contestó, ya que estaba haciendo una llamada por su celular. Hola, dijo cuando lo atendieron, ¿por qué tardaste tanto en atender?. Es que le estaba dando una buena cepillada a tu mujer, respondió Ante Batista. Ah, bueno, entonces te dejo para que sigas tranquilo. Ante Batista colgó y volvió a su trabajo en el cadáver de la mujer. Un empleado se acercó y le dijo, bueno Don Ante, son las seis, yo me voy yendo. Y salió, pensando en encontrarse con su amigo, Orson Perez, para proponerle que fueran a nadar desnudos a la fuente de la plaza del pueblo. A mitad de camino de lo de su amigo, el empleado entró velozmente en un restaurante. Se acercó al de la barra y le dijo: discúlpeme, me encuentro aquejado de una ligera indisposición intestinal, necesitaría me dispense el usufructo del excusado, si fuera tan amable. ¿Cómo dice?, le preguntó el de la barra. ¡Que me estoy cagando, dejame pasar al baño!, gritó el empleado. Aguárdeme un momento, por favor, le pidió el de la barra, y se dirigió a la cocina. Se acercó al cocinero y le dijo: mirá la cara del tipo ese que entró, es muy gracioso, ¿no tiene cara de parquímetro? El cocinero se asomó y miró. Sí, tenés razón, dijo mientras se sacaba pelusa de los pliegues de su abdomen y la dejaba caer en la salsa "finas hierbas". Una empleada con gesto preocupado se le acercó y le dijo: me voy a tener que ir. No podré seguir trabajando, ya que acabo de cortarme el último dedo que me quedaba. Le mostró las palmas podadas de dedos, tomó la cartera entre los dientes y salió a la calle. La empleada con gesto preocupado caminó sin rumbo durante unos minutos, hasta que se cruzó con un hombre de gesto severo. El hombre de gesto severo le propuso a la empleada con gesto preocupado trabajar en televisión. Quedaron en verse al día siguiente, y el hombre de gesto severo se fue trotando y dando saltitos de costado, feliz porque acababa de encontrar el objeto ideal para sus más oscuras perversiones. En eso, le entraron ganas de orinar, y se paró a hacerlo junto a un árbol, utilizando para ello un práctico adminículo con el que había sido provisto desde su nacimiento. Un policía se le acercó. Le preguntó: disculpe, señor, ¿no sabe dónde queda la calle Emilio Disi? En ese momento, sonó el celular del policía, que atendió inmediatamente: ¿Cabo Primero Solimano?, le preguntaron del otro lado, ¡Agarrámela con las dos manos! El gerente de Mirkosoft cortó, retorciéndose de risa. Se levantó de su sillón y miró por la ventana. Vio a Ludwig Medina tirado en la vereda de enfrente. Una vieja pasó cerca de Ludwig Medina y tropezó con uno de sus pies, que comenzaba a mostrar una poco vital rigidez. ¡Borracho asqueroso, mal nacido! dijo la vieja, y se alejó, con la intención de hacerse un piercing en un sector de su cuerpo que hacía muchos años nadie visitaba.
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