jueves, 10 de abril de 2008

Vidas Paralelas 3

Un gusano asomó la cabeza por una oreja de Ludwig Medina, y profirió un ensordecedor eructo, en dirección a un pelado que pasaba por ahí. El hombre con capacidades capilares diferentes sacó del bolsillo una tapa para pascualina, y golpeó con ella a Ludwig Medina en la ingle, mientras le decía: "tomá, por zerdo", porque hablaba azí. No era bobo, ni nada; hablaba azí. Tal vez un poco trolo. El hombre con capacidades anales diferentes se alejó silbando como una pava, con rumbo más o menos preestablecido. En el camino, se cruzó con un tipo que tenía cara de bidón de fertilizante. El tipo con cara de bidón de fertilizante estaba agachado, mirando un anillo que se le había caido en una alcantarilla. Dudaba entre ir a su casa, a buscar alguna herramienta para extraerlo, y quedarse ahí para cuidar que nadie se llevara el anillo. Finalmente, dio un salto y se tiró debajo de un colectivo que pasaba.
Al colectivo subió una señora, que le dijo al colectivero: "Quiero un pasaje hasta Plaza Flores, fila de emergencia, ventanilla, por favor". El colectivero la miró, después miró el grupo de gente amontonada delante del colectivo, y dijo: "¿por qué no te teletransportás al pubis de tu madre?", y se bajó. Entró a una armería, decidido a adquirir un arma, para limpiar de escoria las calles de Las Cañitas. El dueño de la armería padecía una extraña enfermedad cutánea, que le hacía generar gran cantidad de escamas en brazos y piernas. Al principio, fue muy infeliz, hasta que conoció a una vietnamita que era adicta a las escamas, y entonces encontró la felicidad sometiendo a la vietnamita en el sentido más amplio del término. La vietnamita se inyectó una buena dosis de escamas y comenzó a recordar las largas tardes lluviosas en las afueras de Taipei, que no queda en Vietnam, pero le importaba un carajo, porque estaba drogada. El intendente de Taipei estaba terminando su rottweiler a la manteca negra, cuando un asesino a sueldo irrumpió en su despacho, revólver en mano. Disculpe que sea tan inoportuno, le dijo, pero ocurre que hay unos señores que me han prometido una suma de dinero por mandarlo a la próxima reencarnación. Y bueno, dijo el otro. Una cosita más, dijo el otro, ¿podría filmarlo con mi celular, para subirlo a mi página de internet? La página de internet era visitada a diario por un hombre parecido a Charly García. Charly mojó una porción de pizza en el café con leche, y se rió mientras miraba el monitor, y rociaba el teclado con el aceite de la mozzarella, mezclado con café, leche y baba espesa. ¿De qué te reís?, le preguntó una compañera de trabajo que tenía cara de tonta. De nada, dijo el lider de Serú Girán. La tarada hizo el gesto de morderse el labio inferior, con lo que pareció más estúpida de lo que era. A continuación, la boluda de mierda se paró para servirse agua, y se llevó por delante una cajonera. La reverenda pelotuda forra emitió un gritito de dolor, pero nadie le dio bola. Entonces, la hija de remil putas conchuda del orto se sirvió agua en silencio, y se volvió a sentar. Su jefe la miró; estaba redactando su telegrama de despido, en formato de soneto, pero lo que estaba escrito no terminaba de conformarlo. Quería que quedara perfecto, para publicarlo y lograr la admiración incondicional de todos los niños del mundo. Hizo un bollo el papel, lo prendió fuego, después lo meó, y empezó de nuevo. Yo hubiera hecho lo mismo, si no fuera que estoy escribiendo esto. Y ahora que me acuerdo, recién miré por la ventana, y Ludwig Medina ya no está tirado en la vereda.

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